Tenía un año sin visitar México. En un año pasan muchas cosas y la distancia del exilio solo exacerba la percepción del tiempo y los cambios. Encontré el mismo país con los mismos problemas ya tan conocidos por todos. En eso, creo yo, no hay mayores diferencias. El diagnostico del país es generalmente aceptado: hay una falta de crecimiento y la creciente desigualdad produce menores oportunidades para la mayoría. Encontré un país en donde en la interpretación de las causas hay grandes divergencias y por lo tanto las soluciones plausibles al problema de crecimiento y desigualdad difieren contrastablemente. Hasta ahí todo, todo se ve igual.
Sin embargo encontré una sociedad donde la empatía casi no existe; y me atrevería a decir que simplemente no existe. Y este es un cambio que creo ha derivado en un importante crecimiento en la polarización y en la radicalización y que genera, en mi opinión, un cuello de botella para alcanzar una solución al problema de crecimiento y desigualdad. La falta de empatía hace que en México todos, sus líderes y su sociedad, entren a un debate con una gran desventaja y que por lo tanto el resultado sea más confrontación y antagonismo. Antes de entrar al debate de lo que en México se necesita, debemos de hacer una pausa y entender que la falta de empatía ha contribuido a que hoy en día el país este sumido en un embudo.
Si en algunos momentos tenemos la impresión de que en México no hay líderes, que solo existe el espacio de agresión; que gana el debate el que más fuerte grita, el que protesta más fuerte o es más radical; que la única manera de ser tomado en cuenta es tomar la calle, la tribuna o el espacio audiovisual, es porque esto es verdad. Pero es resultado de la adversidad por entender la perspectiva del otro. El debate de las ideas esta cooptado por esa guerra donde parece ser que gana el que más grita o el que tiene más poder. Es preocupante, al menos para mí, que en una democracia haya espacio para mensajes como “En el México de hoy, la democracia respeta a las minorías pero, en todo momento, las minorías deben respetar la democracia, a sus instituciones y las libertades de todos”. Aun cuando va telegrafiada hacia la CNTE, tiene en si el mismo veneno que en su momento la frase es un peligro para México. Tal vez hay que reflexionar un poco más sobre si las minorías se sienten respetadas y cuentan no solo con los espacios necesarios para hacer escuchar su opinión sino que esta opinión es realmente tomada en cuenta. Espero estar equivocado pero me inclino a pensar que los espacios son cada vez menores y son pocas las opiniones e ideas que se escuchan hoy al elaborar la política pública en México.
Esta falta de empatía no es exclusiva de ningún grupo. Veo que hay una izquierda inoperante, que incluso bloquea a sus nuevas corrientes o ideas menos dogmáticas; a una derecha destrozada hacia dentro de sí misma y a un PRI que se limita a hacer lo sabe hacer muy bien, para mantener el poder. En todos ellos veo esa confrontación derivada de la falta de empatía. Y no es un fenómeno exclusivo de los políticos. Ciudadanos agrediéndose entre sí, conversaciones que derivan en gritos; la prepotencia a flor de piel. Las redes sociales democratizan el acceso a la información y a alzar la voz pero es cada vez más recurrente el escuchar historias de agresión entre ciudadanos. Debates donde reina el dogma y el “chinga tu madre” o “eres un pendejo” son recurso valido. La falta de empatía incrementa la holgazanería. Me resulta irónico que en la edad de la información más y más gente se niega a leer, ya no digan entender, los fundamentos de una idea antes de apoyarla o cuestionarla. No hay necesidad del argumento inteligente, preparado, o de encontrar un plano común para empezar a construir; es mi verdad por encima de los demás. Parece que en México el debate de ideas no existe y que el polvorín se va acumulando presto a explotar. “Todos estábamos enfermo de odio” dice Roberto Ampuero sobre el sentimiento que había en Chile previo y durante el golpe de estado en contra del presidente Allende. Ese mismo sentimiento es lo que veo, leo y siento en mi visita a México. Y la falta de empatía ha generado el terreno fértil para que ese odio y la confrontación se extiendan en un país con diferencias tan abismales entre sus ciudadanos. Los menos favorecidos lo quieren quemar todo, ¿qué más tienen que perder?; los de arriba lo quieren todo ¿por qué habría de ceder en algo?
México es un país que ha tenido una larga, y difícil, trayectoria hacia la democracia y el desarrollo. Pero, si me permiten la analogía, en ambos casos continuamos en un periodo de infancia. Es difícil poder estar de acuerdo con aseveraciones que dicen que México es un país de clase media cuando, de acuerdo a cifras oficiales, el 42% de la población vive en condiciones de pobreza o cuando un importante porcentaje de la población, aún cuando cuentan con un mejor ingreso, se encuentran en condiciones de vulnerabilidad y riesgo de volver a caer en pobreza. En México es mucho más fácil volver a la pobreza que aspirar a alcanzar un estrato económico mayor.
No creo que las ideas se polaricen cada vez más. Inclusive la toma de decisiones en base a evidencia ha permitido reducir esa brecha entre ideologías; y estamos en uno de los periodos más pacíficos en la historia de la humanidad. Pero es la actitud lo que cada día veo más polarizado. La falta de empatía nos lleva a no ver las cosas desde la perspectiva de nuestro interlocutor y a no entender, y no encontrar, otra solución que no sea nuestra propuesta. Esta actitud lejos de llevar a resolver los problemas nos empujan a un distanciamiento y eso a su vez aumenta nuestra polarización, favorece la confrontación por encima de la solución e incluso radicaliza la violencia. El debate no es sobre las razones de las diferencias, las cuales en mi opinión son válidas e incluso alarmantes. El problema es que la falta de empatía nos ciega a discutir las soluciones que sean incluyentes, equitativas y justas para todos. Mientras no entendamos la perspectiva de nuestros interlocutores, estaremos lejos de solucionar los problemas que tanto lastiman al país.
4 comments:
Excelente post Julio, felicidades. Tocas varios puntos importantes (algunos dan para una tesis) y creo, junto contigo, que la ausencia de empatía y la polarización son un gravísimo peligro para nuestra sociedad.
Dichos fenómenos, sin embargo, no son espontáneos ni privativos de México. La polarización social tiene larga historia, sucede acaso que hoy se nos hace más presente dada la conectividad que brindan los medios.
Para mí las preguntas de fondo serían, por un lado: ¿Qué es lo que da pie a esa ausencia de empatía y la consecuente polarización? ¿Cómo se suscitan? ¿Quién los alimenta? y por otro: ¿Qué hacer para reducir o abatir dicha polarización?
Obviamente no tengo las respuestas, no son simples ecuaciones. Pero creo que hay valor en pensarlas y hacer conciencia del lugar en donde cada uno de nosotros se posiciona.
Te dejo un abrazo y un análisis que me parece fantástico sobre este tema.
¡Sigue escribiendo!
http://saber.ucv.ve/xmlui/bitstream/123456789/4011/1/Art%C3%ADculo%20-%20El%20otro%20es%20el%20enemigo.pdf
Muy buen anàlisis Julio, nuestra sociedad ha cambiado y en una era donde la informaciòn pareciera llegar màs fàcil, tambien lo hace la desinformaciòn, una sociedad de jòvenes cada vez màs agresivos, que promueve ese quiebre en su empatìa, poco anàlisis y falta de tolerancia a los demàs argumentos, simplemente el antagonismo es el protagonista de cualquier argumento.
A nivel polìtico y nuestra alta clase empresarial, la falta de empatìa con lo que necesitan los mexicanos nunca ha sido el motor de sus acciones.
Creo que Mèxico està màs despierto que nunca, lo malo es que creo que se levanta siempre de mal humor.
Un abrazo,
Gaby Z.
Hola Julio!
Gracias por compartir. No se si sea mal de muchos, consuelo de tontos, pero veo algo similar en EUA. Al menos el problema de polarización y falta de empatía no es patente mexicano. Sin embargo, en EUA al menos hay un nivel de debate elevado si lo buscas, gente buscando tender puentes y desmenuzando los temas. En México no veo eso, contadas excepciones. El nivel del debate es bajísimo. En fin.. Abrazo!
¿Qué no sabías? Con las reformas que el Presidente de la República está proponiendo, se va a resolver TODO....
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